
Me había despistado de escribir.
Y no sé si eso también forma parte de todo esto. De la vida que se cuela, de los días que pasan sin avisar, de las cosas que ocupan más espacio del que una pensaba.
Hoy, Juan Sanz y yo, hemos retirado la exposición Historias atrapadas en el tiempo, en el Centro Ciudadano de San Diego.
Mientras descolgábamos las fotografías, pensaba en todo lo que ha pasado por delante de ellas estos días. No solo miradas. También recuerdos.
Hemos conseguido lo que buscábamos.
Que quien se acercara volviera, aunque fuera por un instante, a su infancia. A la casa de sus padres. A la de sus abuelos. A lugares que creíamos olvidados y que, sin embargo, siguen ahí, esperando.
Ha sido emocionante.
No tanto por las fotos en sí, sino por lo que despertaban. Por las historias que salían solas, sin pedir permiso. Por esas conversaciones que empiezan con un “esto me recuerda a…” y acaban en algo mucho más profundo.
Quizá también por eso me había despistado.
Porque, de alguna manera, estaba allí dentro.
Entre esas historias que no se cuentan del todo, pero que siguen vivas.
Esperando, como siempre, a que alguien vuelva a abrir ese cajón.
Ana Orán García
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